martes, 2 de junio de 2009

La Perra Europa

Como bien anunció en su momento el ínclito Alberto Savinio, los tristes dados del destino europeo ya fueron tirados hace décadas. El Sr. Lux Le Fou de la Grammaire confunde análisis. No debemos sorprendernos. Pero veamos estas lecturas: antes de toda su vulgata pseudoantropológica, condenada a la higiene de esfínteres caudalosos, el magnánimo Robert Briffault puso las cartas sobre la mesa. ¡Perra Europa! arrástrate y gime, tal es tu moira. La tradición no es escasa, el arbitrer elegantiarum Petronio la tenía clara, la popa de esta casquivana seguirá reconociendo las urgencias masculinas que llueven (y duelen) como dagas (Lugones dixit), ya que América Latina no posee pecados y menos originales (Murena, a cucha) sino que es pura erección, Juan Larrea lo plasmó en gloriosas letras de molde en su destierro cordobés.
Así que con este capítulo lácteo iniciamos esta enjundia.
Vean la portada de este glorioso líbelo, que nada esconde.
El panteísmo matriarcal tiene contados sus días, cual coprófago ábaco desgastado por los fastos de mayo.
Por supuesto, no podíamos sino concluir esta prima entrega con una mención -honorífica- a la proliferante lencería satánica que tanto cunde en el hemisferio norte, así como en ciertas provincias del interior, salpicando esta vez a altísimos funcionarios.
No es poca cosa. El Principe de los Jodidos, tan ducho en estas siniestras materias, ha engendrado todo tipo de rumores de chupetismomartinezgarcience cuño.
Y como si poco fuera, el aluvión sodomita ronda más que Rembrandt.
Cada vez más claro, el mundo se hunde, si es que ya no se hundió en estas fétidas maromas posmodernas.
Tetón y Tetoncete, estremecedora yunta, han sido las voces lácteas del escándalo. El cruce es feroz. Ya no peruanos en descomposición, Océanos Topográficos, ni salchichones ahumados .
¿Dónde iremos a parar?
Como dijo Don Ezequiel ¿Qué es esto?
Es hora de producir archivo, documentar los lechosos geiseres. Avanti con la farolada. Que nada escape de este viscoso y picante derrame.
El Profesor Peco ya lo había advertido con provechosa claridad: se vino el demoniaje pituco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario